27 de junio de 2010

Mi terapia antiestrés

Para un ateo como yo es dificil hablar -escribir- sin tener que referirme a catolicismos como el cielo, los santos, el demonio y toda la parafernalia que suele acompañar a las religiones. Más aún cuando vi un ángel.

Hace un par de meses tomé la estresante decisión de dar el examen TOEFL, ese maldito que te piden para que certifiques que tu inglés masticado realmente no es tan masticado. Y bueno, para este señor, examen = estrés = gastritis. No lo puedo superar, mi estómago me domina y le falta el respeto a mi cerebro. Y si sumamos mi terca idea de que me siento capaz de ser autodidacta, el resultado es estudiar poco y estresarse por eso y estresándose por eso resulto estudiando aún menos.

Pero al grano: antes del examen conversaba con una chica a quien le conversé para sobrellevar juntos esos minutos previos de angustia, cuando de pronto, entre algún pequeño chiste o situación nerviosa, ella me regaló una de las sonrisas más bellas, celestiales y desarmadoras que he podido disfrutar. De aquellas que te dejan iluso, desprotegido, que no puedes si no devolverle una sonrisa embobada. De las que sueñas que le pertenece a alguien sobrenatural. De aquellas que hacen tropezar mi ateísmo.

Y ella sonreía y sonreía y mis pulmones atrapaban más oxígeno; sonreía y sonreía y el TOEFL no era más que algo disperso que naufragaba. Ella sonreía y yo sonreía.
 
Hoy escribí con gastritis y terminé este post sin ella.

1 comentarios:

Calila dijo...

Al menos lograste evidarlo, aunque sea por algunos minutos, pero evadirlos al final y al cabo!