3 de agosto de 2010

Coherencia

Coherencia es una palabra muy pesada para mí y le doy quizá una importancia mayor a la debida. Podría mentir o ir en contra de mis deseos actuales para no parecer incoherente. Necesito que las palabras tengan un peso, que duren en el tiempo y que pueda confiar en ellas.

He esperado coherencias sentimentales en las personas y fui estúpido. Un te amaré por siempre no es siempre para siempre, ¡aprende! ¡aprende! Todo es relativo con excepción de esta sentencia.

A veces quisiera una humanidad matemática, previsible para prevenir el dolor de lo inesperado. Al diablo las sorpresas crueles de la vida que solo te fecundan amarillismo y temblor. Quiero que la infinita sabiduría del universo haya decidido aleatoriamente programarme una felicidad en constante crescendo. No quiero aprender el placer porque sentí dolor.

Que el amor suba y baje pero que nunca desaparezca, porque si hoy reconozco que trato patológicamente de ser coherente, que no aprendo que por siempre no es siempre para siempre, es porque hoy, ahora, mi coherencia tiene un paquetito de 'teamos' que fue devuelto por no encontrar destinatario y que espera, entre cajas y encomiendas, que no haber sido enviado no signifique que no exista alguien a quién enviar.

4 comentarios:

Mu.- dijo...

esto es algo como consecuente? quizá la vida no es coherente porque no es consecuente? o por qué le echarle la culpa a la vida, somos nosotros los que nos inventamos la dimensión del tiempo que dice por siempre, cuando no siempre es para siempre aunque yo quiera seguir pensando que sí.

y vivieron felices para..

luna dijo...

No siempre es oro lo que reluce...

y si algo no se dio bien, no será porque no era para nosotros?? no será que el destino lo quiso así??

Saluditos.

Volveré por aqui!

Alexander dijo...

En realidad decir siempre nunca será siempre porque, como dices, nosotros creamos la dimensión del tiempo.

Entonces uno tiene que aprender a caminar en esta vida sabiendo que las verdades absolutas que uno dice y dicen dependen de la dimensión del tiempo que cada uno percibe.

Entonces, nuevamente, no deberíamos decir siempre porque quizá ese siempre es plausible de expirar apenas acabemos de terminar la palabra. O, mejor aún, nunca deberíamos pensar que podremos ser totalmente coherentes (consecuentes) algún día, aunque a veces nos den antojos de creer que las palabras tengan un antes pero nunca un después.

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Sí, a veces dan ganas de disfrutar un destino y no cargar con la responsabilidad de saber que uno construye su futuro con la venia de la suerte.

Nelsón F. Gómez Madero dijo...

Creo que mi destino esta en mis pinturas, veo el destino así con estas formas. www.nelsonmadero.com