El aire helado surfea por mi espalda y va clavando sus uñas llegando a mi garganta. Estoy en Huancayo, a 3.200 m.s.n.m, y el sol fue asesinado. Las nubes me toman fotografías con flash, braman como titanes y me escupen piedras de hielo.
Mi camisa se va desgarrando con la helada, el agua del suelo se eleva envenenando mis pies con un vapor gélido y tóxico.
Las luces del día ceden, mis pupilas se dilatan y las sombras emergen entre chasquidos de hielo. Mis zapatos se infectan de frío, disuelven mis medias y empiezan a cangrenar mis ultimas flamas de vida.
El piso recibe mis rodillas, se apodera de mi cintura y hombros, esperando con sutileza pero con gula que mi cabeza se refrigere en sus entrañas.
2 comentarios:
y el encabezado de tu blog que se ve tan cálido...
Pues sí... Muy surrealista o muy inconsistente.
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