Vivo en una espesa atmósfera de sosiego, en un ambiente donde no puedo caerme para levantarme. Estoy en un lugar donde no pueden enervarme las entrañas, entre la cómoda normalidad y el mediano plazo previsible. Esta peste que diluye cambios ahoga mis gritos de euforia y esfuman mis iniciativas débiles.
Tengo las raices de esta planta podrida que me alcoholiza.
Hey conformismo, púdrete. Solo.
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