11 de diciembre de 2010

Un nombre

He luchado, peleado con fervor y mantengo mi simpatía con Nietzsche sobre la estupidez del ser humano cuando se trata del amor y demás esperpentos creados por los débiles. Dios que no existes, cómo me esfuerzo por exorcizar esta plaga sentimental de mis entrañas, hervirlas y disiparlas entre el calentamiento global. Quiero ser narcisista pero mi melomanía, entre sonidos que me generan suspiros mentales y remolinos de sangre por las arterias, me aterriza a la plebeya condición humana de romanticón cegado por sus latidos, como aquel Werther de Goethe.

Quiero encontrarle el sabor a su voz, irme de siesta con ella, soñar despierto y soñar dormido. Ponerle nombre a los atardeceres y amanecer en su respiración.


Pero sobre todo, quiero ponerte un nombre, y que Nietzsche sea un dato anecdótico de lo que debo ser y no soy.

2 comentarios:

Guelde dijo...

Sin saberlo, también es lo que yo quiero.

Acabo de descubrir tu blog, llevaba buscándolo desde hace tiempo, esto sí a sabiendas.

Alexander dijo...

Pese a mi irregularidad total al escribir, :).